Miércoles, 8 de Mayo 2013
Durante estos días he leído con cierta admiración la noticia de que la APPA ha sustituido a vigilantes nocturnos por auxiliares portuarios, y con gran estupor el rechazo que ha producido la medida en el sindicato CSI-F.
Lo que más me llama la atención, realmente me aturde, no es la actitud de la APPA, es la del referido sindicato. Personalmente no entiendo que pinta un sindicato en como una empresa quiere organizarse y si desea prescindir de vigilantes de seguridad para sustituirlos por auxiliares considero que no compete a los sindicalistas intervenir en el tema. Llama la atención el desmesurado empeño de este sindicato que llega al extremo de preocuparle tanto que ha presentado una denuncia ante la Policía Nacional según publica la prensa. Entre otras razones alude a que en las instalaciones existen cajas de caudales, ¡qué terrible problema! como si en los hoteles o en las gasolineras, no existieran también cajas de caudales y por ello no contratan vigilancia nocturna.
Sin embargo al sindicato parece no preocuparle que durante el período en el que los auxiliares o marineros son sustituidos por los vigilantes de seguridad se produzca una emergencia que requiera la presencia inmediata de los auxiliares o marineros que son los que conocen las instalaciones y están preparados para poner en marcha el plan de emergencia, independientemente de que además puedan llegar usuarios demandando algún servicio.
Claro que esto supongo que sucede porque presionan a una empresa pública, en las que se mueven con gran poder, pero conviene estar atentos porque si les sale bien la jugada es posible que terminen presionando a las empresas privadas.
Los que a lo largo de la vida hemos navegado y visitado instalaciones nos ha gustado siempre llegar a los puertos con la luz del día, pero ya sabe, la mar es como es y si la mayoría de las veces hemos arribado a media tarde con tiempo para una buena ducha antes de ir a un restaurante cercano cenar, en alguna ocasión hemos tenido que hacerlo a las cinco de la mañana y con el salvavidas puesto, buscando un poco de agua caliente para quitarnos la sal de encima de los rociones de agua de mar.
Relato esto porque en un cierto momento aprecié como para la entonces EPPA, el cliente que llega a un puerto fuera del horario de oficinas era un cliente que no merecía la más mínima atención y por tanto debía esperar a que la recepción estuviese operativa para, tras inscribirse, poder acceder a cualquiera de los servicios.
Recuerdo que al año de la apertura de Marina Isla Canela, 2001, como director-gerente tuve que afrontar la primera inspección que EPPA nos realizaba. Recuerdo muy bien el momento en el que la persona que nos inspeccionaba me solicitó el número de guardas de seguridad que quedaban durante la noche a lo que le respondí que ninguno. ¿Entonces el puerto queda abandonado durante la noche? me inquirió con voz de asombro y sorpresa. No, le respondí, de noche permanece como de día, con personal de servicio para poder atender cualquier tráfico o servicio necesario, las necesidades y problemas que se nos pueden presentar durante la noche son los mismos que durante el día. Entonces le aclaré que para ellos los puertos deportivos tenían unos horarios limitados y el usuario debía ceñirse al horario, mientras que para mí perspectiva, que no es otra que la que he visto a lo largo de mi vida por Europa es que los puertos deportivos son instalaciones abiertas las veinticuatro horas del día.
Resulta curioso que ahora APPA sustituye a los vigilantes nocturnos por auxiliares, quizás no con la idea de dar un mejor servicio a los usuarios sino con la de reducir costos, aunque al fin y al cabo los usuarios saldrán ganando con el cambio, pero parece que no a todos les ha parecido bien la medida.
Eugenio López, ex director de Marina Isla Canela.
Lo que más me llama la atención, realmente me aturde, no es la actitud de la APPA, es la del referido sindicato. Personalmente no entiendo que pinta un sindicato en como una empresa quiere organizarse y si desea prescindir de vigilantes de seguridad para sustituirlos por auxiliares considero que no compete a los sindicalistas intervenir en el tema. Llama la atención el desmesurado empeño de este sindicato que llega al extremo de preocuparle tanto que ha presentado una denuncia ante la Policía Nacional según publica la prensa. Entre otras razones alude a que en las instalaciones existen cajas de caudales, ¡qué terrible problema! como si en los hoteles o en las gasolineras, no existieran también cajas de caudales y por ello no contratan vigilancia nocturna.
Sin embargo al sindicato parece no preocuparle que durante el período en el que los auxiliares o marineros son sustituidos por los vigilantes de seguridad se produzca una emergencia que requiera la presencia inmediata de los auxiliares o marineros que son los que conocen las instalaciones y están preparados para poner en marcha el plan de emergencia, independientemente de que además puedan llegar usuarios demandando algún servicio.
Claro que esto supongo que sucede porque presionan a una empresa pública, en las que se mueven con gran poder, pero conviene estar atentos porque si les sale bien la jugada es posible que terminen presionando a las empresas privadas.
Los que a lo largo de la vida hemos navegado y visitado instalaciones nos ha gustado siempre llegar a los puertos con la luz del día, pero ya sabe, la mar es como es y si la mayoría de las veces hemos arribado a media tarde con tiempo para una buena ducha antes de ir a un restaurante cercano cenar, en alguna ocasión hemos tenido que hacerlo a las cinco de la mañana y con el salvavidas puesto, buscando un poco de agua caliente para quitarnos la sal de encima de los rociones de agua de mar.
Relato esto porque en un cierto momento aprecié como para la entonces EPPA, el cliente que llega a un puerto fuera del horario de oficinas era un cliente que no merecía la más mínima atención y por tanto debía esperar a que la recepción estuviese operativa para, tras inscribirse, poder acceder a cualquiera de los servicios.
Recuerdo que al año de la apertura de Marina Isla Canela, 2001, como director-gerente tuve que afrontar la primera inspección que EPPA nos realizaba. Recuerdo muy bien el momento en el que la persona que nos inspeccionaba me solicitó el número de guardas de seguridad que quedaban durante la noche a lo que le respondí que ninguno. ¿Entonces el puerto queda abandonado durante la noche? me inquirió con voz de asombro y sorpresa. No, le respondí, de noche permanece como de día, con personal de servicio para poder atender cualquier tráfico o servicio necesario, las necesidades y problemas que se nos pueden presentar durante la noche son los mismos que durante el día. Entonces le aclaré que para ellos los puertos deportivos tenían unos horarios limitados y el usuario debía ceñirse al horario, mientras que para mí perspectiva, que no es otra que la que he visto a lo largo de mi vida por Europa es que los puertos deportivos son instalaciones abiertas las veinticuatro horas del día.
Resulta curioso que ahora APPA sustituye a los vigilantes nocturnos por auxiliares, quizás no con la idea de dar un mejor servicio a los usuarios sino con la de reducir costos, aunque al fin y al cabo los usuarios saldrán ganando con el cambio, pero parece que no a todos les ha parecido bien la medida.
Eugenio López, ex director de Marina Isla Canela.
Los puertos deportivos son generadores de riqueza en el entorno en el que se enmarcan. Eso no es una novedad, pero sí conviene resaltarlo para dejar constancia de la importante de estas instalaciones. A veces se olvida del enorme potenciador económico que son este tipo de instalaciones.
La creación de un puerto deportivo en una localidad supone, en principio, añadir una atractivo turístico al municipio. Bien es sabido que los puertos deportivos son uno de los lugares preferentes para visitar a la hora de hacer turismo, no sólo para aquellas personas que llegan con sus barcos, sino para el turismo de tierra, el que llega por carretera, tren o por avión. Visitar el puerto deportivo se convierte así en un impulso y reclamo de la localidad.
A esto tenemos que añadir el importante impulso económico y la generación de riqueza que supone que este tipo de instalaciones se ubiquen en un municipio. En el informe El impacto económico del sector de la náutica de recreo sobre la economía de Andalucía, publicado en 2010 y realizado por la Confederación de Empresarios de Andalucía junto a la Escuela Andaluza de Economía, arroja datos esclarecedores: el sector de la náutica de recreo en España aporta a la economía una producción efectiva de 19.296 millones de euros conjugando efecto directo e indirecto, y es responsable de la creación de 122.082 puestos de trabajo directos e indirectos. Si seguimos atendiendo al informe, en Andalucía la producción efectiva alcanza los 1.714 millones de euros de manera directa e indirecta, y la creación de 11.831 puestos de trabajo directos e indirectos. Si echamos un vistazo a los datos más recientes del paro, vemos que la cifra, según datos del Servicio Público de Empleo Estatal, sitúan la tasa en 4.857.929 personas desempleadas. A pesar de ser el primer descenso del paro en un mes de marzo desde 2008, la cifra sigue siendo elevada. Además, el sector industrial, al que pertenecen los puertos deportivos, es uno de los que menos desempleo genera.
No en vano, los puertos deportivos no caminan solos puesto que conforma una unión entre los sectores industriales y de servicios. En sus instalaciones se ofrecen numerosos servicios: alquiler de embarcaciones, astilleros, distribución/náuticas, electrónica, formación, motores y venta de accesorios, entre otros. Unido todo ello, hacen que los puertos deportivos sean generadores de riqueza y trabajo.
Ignorar estos datos relativos a los puertos deportivos puede repercutir negativamente en el avance del sector y sus demostradas ya consecuencias positivas sobre las ciudades y municipios donde existen ya puertos deportivos. Apostar por los puertos deportivos como generadores de riqueza y empleo se convierte en una necesidad, por el sector de la náutica y por la apuesta que supone por la mejora de las ciudades, convirtiéndolas en lugares más atractivos para visitar.
La creación de un puerto deportivo en una localidad supone, en principio, añadir una atractivo turístico al municipio. Bien es sabido que los puertos deportivos son uno de los lugares preferentes para visitar a la hora de hacer turismo, no sólo para aquellas personas que llegan con sus barcos, sino para el turismo de tierra, el que llega por carretera, tren o por avión. Visitar el puerto deportivo se convierte así en un impulso y reclamo de la localidad.
A esto tenemos que añadir el importante impulso económico y la generación de riqueza que supone que este tipo de instalaciones se ubiquen en un municipio. En el informe El impacto económico del sector de la náutica de recreo sobre la economía de Andalucía, publicado en 2010 y realizado por la Confederación de Empresarios de Andalucía junto a la Escuela Andaluza de Economía, arroja datos esclarecedores: el sector de la náutica de recreo en España aporta a la economía una producción efectiva de 19.296 millones de euros conjugando efecto directo e indirecto, y es responsable de la creación de 122.082 puestos de trabajo directos e indirectos. Si seguimos atendiendo al informe, en Andalucía la producción efectiva alcanza los 1.714 millones de euros de manera directa e indirecta, y la creación de 11.831 puestos de trabajo directos e indirectos. Si echamos un vistazo a los datos más recientes del paro, vemos que la cifra, según datos del Servicio Público de Empleo Estatal, sitúan la tasa en 4.857.929 personas desempleadas. A pesar de ser el primer descenso del paro en un mes de marzo desde 2008, la cifra sigue siendo elevada. Además, el sector industrial, al que pertenecen los puertos deportivos, es uno de los que menos desempleo genera.
No en vano, los puertos deportivos no caminan solos puesto que conforma una unión entre los sectores industriales y de servicios. En sus instalaciones se ofrecen numerosos servicios: alquiler de embarcaciones, astilleros, distribución/náuticas, electrónica, formación, motores y venta de accesorios, entre otros. Unido todo ello, hacen que los puertos deportivos sean generadores de riqueza y trabajo.
Ignorar estos datos relativos a los puertos deportivos puede repercutir negativamente en el avance del sector y sus demostradas ya consecuencias positivas sobre las ciudades y municipios donde existen ya puertos deportivos. Apostar por los puertos deportivos como generadores de riqueza y empleo se convierte en una necesidad, por el sector de la náutica y por la apuesta que supone por la mejora de las ciudades, convirtiéndolas en lugares más atractivos para visitar.
Ramiro Fernández; Eli Ramos, asistente Dirección PD Sotogrande, y José Carlos Martí, presidente Marinas de Andalucía.
Es difícil resaltar en unas pocas palabras toda una vida dedicada a la náutica y además, destacar las numerosas cualidades de una persona. Difícil porque se hace pequeño el espacio para nombrar todas y cada una de las aportaciones hechas y sobre todo, el esfuerzo de muchos años para lograr que la náutica andaluza esté donde esté y sus puertos deportivos sean considerados actualmente de primer orden.
Sin embargo, Ramiro Fernández González, hombre discreto y trabajador, es merecedor de este pequeño homenaje que, desde la asociación Marinas de Andalucía, queremos hacer por su incansable labor en pro de un sector no siempre visto con buenos ojos por nuestra Administración. Director gerente del Puerto Deportivo Sotogrande durante más de dos décadas, Ramiro ha sabido luchar por lo justo y pelear por las mejoras en el sector náutico, sobre todo por su puerto , Sotogrande; y por Andalucía, tierra de costa y puertos con enormes posibilidades que para Ramiro no pasaron ni pasan desapercibidas.
Simulando el argot marinero y después de abatimientos varios a lo largo de estos años, Ramiro ha decidido cobijarse al abrigo de esa época de la vida, en la que tras poner fin a la vida laboral, sientes la tranquilidad que supone el tener los ‘deberes hechos’.
Marinas de Andalucía sólo tiene palabras de agradecimiento por tu labor como miembro destacado de su Comisión Delegada, por tu apoyo y por tu tesón en el trabajo que ha colaborado a que en Andalucía, hoy día, haya conseguido que nuestra voz sea oída. Personas como tú hacen falta en este sector para seguir luchando por su mejora y por su apuesta por su integración y reconocimiento como uno de los sectores que benefician la economía de un territorio. Gracias Ramiro, seguimos contando contigo.
Marinas de Andalucía.
Sin embargo, Ramiro Fernández González, hombre discreto y trabajador, es merecedor de este pequeño homenaje que, desde la asociación Marinas de Andalucía, queremos hacer por su incansable labor en pro de un sector no siempre visto con buenos ojos por nuestra Administración. Director gerente del Puerto Deportivo Sotogrande durante más de dos décadas, Ramiro ha sabido luchar por lo justo y pelear por las mejoras en el sector náutico, sobre todo por su puerto , Sotogrande; y por Andalucía, tierra de costa y puertos con enormes posibilidades que para Ramiro no pasaron ni pasan desapercibidas.
Simulando el argot marinero y después de abatimientos varios a lo largo de estos años, Ramiro ha decidido cobijarse al abrigo de esa época de la vida, en la que tras poner fin a la vida laboral, sientes la tranquilidad que supone el tener los ‘deberes hechos’.
Marinas de Andalucía sólo tiene palabras de agradecimiento por tu labor como miembro destacado de su Comisión Delegada, por tu apoyo y por tu tesón en el trabajo que ha colaborado a que en Andalucía, hoy día, haya conseguido que nuestra voz sea oída. Personas como tú hacen falta en este sector para seguir luchando por su mejora y por su apuesta por su integración y reconocimiento como uno de los sectores que benefician la economía de un territorio. Gracias Ramiro, seguimos contando contigo.
Marinas de Andalucía.
Cuando hacía el tercer o cuarto año de bachiller en el colegio de los Hermanos Maristas de Málaga nos llevaron a Villa San Pedro, gran albergue prácticamente en el centro de la ciudad, era un lugar apartado, tranquilo, donde se nos aislaba tres o cuatro días para llevar a cabo un profundo examen interior, analizar nuestra conducta y comportamientos, reflexionar sobre los aspectos que nos exigía nuestra religión para regresar de nuevo al mundo exterior como unos perfectos cristianos.
Cuando en la primavera de 1981 nos reunimos en Torremolinos una serie de amigos relacionados con los puertos deportivos por iniciativa de Juan Camacho, buen amigo y mejor persona, que fuera Director del Puerto Deportivo José Banús y posteriormente de Benalmádena, con el objeto de poner en marcha la Asociación de Puertos Deportivos y Turísticos y Clubes Náuticos de Andalucía. Hay que recordar que el optimismo nos invadía, no en balde Cataluña y Andalucía se afirmaban en ser los motores de esta actividad turísticas, bien porque aquellos disponían de potentes clubes náuticos con deseos de mejorar sus instalaciones, bien porque nosotros teníamos un litoral muy atractivo en el que los promotores inmobiliarios se acercaban a desarrollar su negocio y en el que el puerto deportivo se presentaba como una actividad promocional destacable.
Sin embargo con el paso de los años aparecieron las autonomías y el poder central fue cediendo capacidad de gestión, así un día llegó la transferencia de gestionar el litoral y en lo que en él se encontraba y entre ello, naturalmente, los puertos deportivos. Al principio este cambio no supuso ninguna alarma pero llegó un día que la Junta de Andalucía creó la Empresa Pública de Puertos de Andalucía, EPPA, que desde su inicio mostró su interés por recuperar las concesiones y convertirse en controlador de la actividad y a la vez competencia construyendo instalaciones con fondos procedentes de la Unión Europea, evidentemente todo un peligro.
Desde entonces la actividad empresarial ha ido de mal en peor porque aquello suponía tener al enemigo dentro de casa y los problemas no han dejado de crecer llegándose al punto en el que la Junta de Andalucía haciendo uso de su prepotencia, que no de sentido común, llegó el momento en el que modificó los dos pilares fundamentales en el que se sustenta una concesión administrativa, como son el importe anual del canon a pagar y el número de años de la concesión, como digo, bases fundamentales para considerar la viabilidad económica del proyecto, y si además incrementamos el canon y rebajamos el número de años de concesión, es algo equivalente a causar un gran perjuicio económico a los concesionarios, personalmente siempre he considerado que con ello perseguían se produjese el abandono de las instalaciones quedándose con ellas sin indemnización alguna para las empresas.
Así se llega a la situación actual que bajo el punto de vista empresarial es insostenible porque, además se ha añadido la actual crisis que ha afectado a muchos propietarios de embarcaciones y naturalmente afectado las respectivas cuentas de explotación.
El desmesurado incremento del canon ha llevado a tarifas inaceptables y totalmente fuera de mercado, la EPPA, ahora APPA, no es capaz de entender que los puertos deportivos no se pueden considerar negocios terminales y consecuentemente ir a sacar el último euro tanto del concesionario como de los propietarios de la embarcaciones, y para colmo para encubrir las pérdidas que generan año tras año sus instalaciones que además para nivelarlas han de recurrir a los presupuestos de la Junta de Andalucía, es decir de todos nosotros, para poder continuar con la actividad, una inexplicable ceguera no les deja ver que hoy día los puertos deportivos son centros generadores de actividad económica muy importante y que una Autonomía en la que sus principales ingresos se generan vía Turismo debería prestar mayor atención a las situaciones que generan estos fenómenos económicos.
Desgraciadamente ni en Andalucía ni en el resto de España existe una institución como el Consejo Náutico francés, estas son prácticas democráticas que aún están por llegar a España donde desgraciadamente la Administración no ha entendido aún que debe estar al servicio del pueblo y contrariamente se superpone y oprime imponiendo sus criterios, por erróneos que puedan ser.
¿Y mientras tanto que hace la Asociación? Es cierto que como tal ha conseguido avanzar en temas de interés para los asociados y hace una importante labor aunque también ha pasado grandes vicisitudes, incluso llegando a la práctica desaparición, sólo el tesón e interés de José Carlos Martín y varios asociados hace que aún exista, pero cabría preguntarse ¿se ha actuado en todo momento en la línea debida? Ésta es una pregunta que habría que hacerse, y sobre todo ¿hay que continuar en la línea actual de cara al futuro? Y ésta es una pregunta que considero requiere profunda meditación, de ahí que haya recordado la época colegial y proponga irnos dos o tres días a cualquier hotel aislado, en la montaña o en playa, pero donde podamos analizar tanto la trayectoria de la Administración como de la Asociación y sin prisas y con un alto nivel de autocrítica, definir las líneas maestras en las que habrá de moverse la Asociación porque en estos momentos no se debe negar que el futuro pinta mal, de momento nuestros puertos se van vaciando, mientras que muchos de los clientes emigran a otros puertos, entre otros al Algarve cuyas instalaciones no dejan de recibir clientes españoles.
Eugenio López, ex director de Marina Isla Canela.
Cuando en la primavera de 1981 nos reunimos en Torremolinos una serie de amigos relacionados con los puertos deportivos por iniciativa de Juan Camacho, buen amigo y mejor persona, que fuera Director del Puerto Deportivo José Banús y posteriormente de Benalmádena, con el objeto de poner en marcha la Asociación de Puertos Deportivos y Turísticos y Clubes Náuticos de Andalucía. Hay que recordar que el optimismo nos invadía, no en balde Cataluña y Andalucía se afirmaban en ser los motores de esta actividad turísticas, bien porque aquellos disponían de potentes clubes náuticos con deseos de mejorar sus instalaciones, bien porque nosotros teníamos un litoral muy atractivo en el que los promotores inmobiliarios se acercaban a desarrollar su negocio y en el que el puerto deportivo se presentaba como una actividad promocional destacable.
Sin embargo con el paso de los años aparecieron las autonomías y el poder central fue cediendo capacidad de gestión, así un día llegó la transferencia de gestionar el litoral y en lo que en él se encontraba y entre ello, naturalmente, los puertos deportivos. Al principio este cambio no supuso ninguna alarma pero llegó un día que la Junta de Andalucía creó la Empresa Pública de Puertos de Andalucía, EPPA, que desde su inicio mostró su interés por recuperar las concesiones y convertirse en controlador de la actividad y a la vez competencia construyendo instalaciones con fondos procedentes de la Unión Europea, evidentemente todo un peligro.
Desde entonces la actividad empresarial ha ido de mal en peor porque aquello suponía tener al enemigo dentro de casa y los problemas no han dejado de crecer llegándose al punto en el que la Junta de Andalucía haciendo uso de su prepotencia, que no de sentido común, llegó el momento en el que modificó los dos pilares fundamentales en el que se sustenta una concesión administrativa, como son el importe anual del canon a pagar y el número de años de la concesión, como digo, bases fundamentales para considerar la viabilidad económica del proyecto, y si además incrementamos el canon y rebajamos el número de años de concesión, es algo equivalente a causar un gran perjuicio económico a los concesionarios, personalmente siempre he considerado que con ello perseguían se produjese el abandono de las instalaciones quedándose con ellas sin indemnización alguna para las empresas.
Así se llega a la situación actual que bajo el punto de vista empresarial es insostenible porque, además se ha añadido la actual crisis que ha afectado a muchos propietarios de embarcaciones y naturalmente afectado las respectivas cuentas de explotación.
El desmesurado incremento del canon ha llevado a tarifas inaceptables y totalmente fuera de mercado, la EPPA, ahora APPA, no es capaz de entender que los puertos deportivos no se pueden considerar negocios terminales y consecuentemente ir a sacar el último euro tanto del concesionario como de los propietarios de la embarcaciones, y para colmo para encubrir las pérdidas que generan año tras año sus instalaciones que además para nivelarlas han de recurrir a los presupuestos de la Junta de Andalucía, es decir de todos nosotros, para poder continuar con la actividad, una inexplicable ceguera no les deja ver que hoy día los puertos deportivos son centros generadores de actividad económica muy importante y que una Autonomía en la que sus principales ingresos se generan vía Turismo debería prestar mayor atención a las situaciones que generan estos fenómenos económicos.
Desgraciadamente ni en Andalucía ni en el resto de España existe una institución como el Consejo Náutico francés, estas son prácticas democráticas que aún están por llegar a España donde desgraciadamente la Administración no ha entendido aún que debe estar al servicio del pueblo y contrariamente se superpone y oprime imponiendo sus criterios, por erróneos que puedan ser.
¿Y mientras tanto que hace la Asociación? Es cierto que como tal ha conseguido avanzar en temas de interés para los asociados y hace una importante labor aunque también ha pasado grandes vicisitudes, incluso llegando a la práctica desaparición, sólo el tesón e interés de José Carlos Martín y varios asociados hace que aún exista, pero cabría preguntarse ¿se ha actuado en todo momento en la línea debida? Ésta es una pregunta que habría que hacerse, y sobre todo ¿hay que continuar en la línea actual de cara al futuro? Y ésta es una pregunta que considero requiere profunda meditación, de ahí que haya recordado la época colegial y proponga irnos dos o tres días a cualquier hotel aislado, en la montaña o en playa, pero donde podamos analizar tanto la trayectoria de la Administración como de la Asociación y sin prisas y con un alto nivel de autocrítica, definir las líneas maestras en las que habrá de moverse la Asociación porque en estos momentos no se debe negar que el futuro pinta mal, de momento nuestros puertos se van vaciando, mientras que muchos de los clientes emigran a otros puertos, entre otros al Algarve cuyas instalaciones no dejan de recibir clientes españoles.
Eugenio López, ex director de Marina Isla Canela.
En España estamos padeciendo un síndrome parecido al acontecido en la antigüedad, según relata la Biblia. Me refiero a la mítica ciudad construida por un pueblo en la torre de Babel que aspiraba llegar hasta el cielo, expresando de esta manera la soberbia intención con esa construcción de acercarse a Dios poniendo los intereses del hombre sobre los planes del Creador.
Las normas morales han existido desde que existe la humanidad y las civilizaciones siempre han seguido algunas normas de carácter moral para ordenar sus vidas. Por eso los pueblos no pueden vivir sin que las normas se apliquen. Sin embargo, no siempre ha existido una reflexión racional sobre dichas pautas. Por tanto, las antiguas civilizaciones no se cuestionaban los motivos éticos por los que se debe actuar de una forma o de otra, sino se dejaban guiar por su carácter religioso encomendándose a los designios de sus dioses. Posteriormente los primeros pensadores encontraron argumentos y razones que sirvieran de fundamento a las normas morales que el hombre debía respetar, comenzando así la ética, la reflexión racional sobre la moral.
Metafóricamente si comparamos una torre monumental con nuestra sociedad actual, es como la construcción de una Nación, edificada con trabajo y sacrificio, a través de generaciones, que descansa sobre unos cimientos comunes, en la cual habita un pueblo con las mismas convicciones, fidelidades y solidaridades, reconociéndose mutuamente y firmemente ciertos deberes y derechos en virtud de su tradicional calidad de miembros.
En nuestro caso contemplo, con tristeza e impotencia, cómo nuestra torre se ha tornado como aquella legendaria torre de Babel que fue destruida, su gente dispersada y su lengua confundida. Aquí no podemos excusarnos con echarle la culpa a Dios, como en el caso del mito de la torre de Babel. Nuestro gran error es propio no ajeno, al establecer un sistema estatal que ha permitido a los dos grandes partidos políticos que han gobernado, a veces en coalición con otros partidos minoritarios, poner por encima de los intereses del Estado los intereses partidistas, el de los financieros y los de la clase mediática con sus múltiples sesgos: étnico (nacionalismo), empresarial (campañas políticas), social (clase poderosa) y político (a favor de un determinado partido político), creando un tremendo desconcierto e instaurándose una alarmante degradación moral y social que ha producido que la corrupción política y económica se enquistara en las instituciones y la tengamos prendida por los cuatro puntos cardinales de España en detrimento del pueblo español oprimido por los impuestos y la nefasta situación económica en que se encuentra. Con esta situación se ha logrado confundir la capacidad de entendernos con nuestros semejantes, produciendo división, desacuerdos y aprehensiones, y esto progresivamente ha desembocado en ver cómo nuestra torre está en ruinas.
Hemos incumplido demasiadas normas constitucionales predicadas en nuestra Carta Magna, como por ejemplo: el Estado social y democrático de Derecho se ha tornado en una Partidocracia monopolizando las parcelas políticas, sociales y económicas; la lengua oficial del Estado (conjuntamente con otras lenguas de las Comunidades) es el español y este derecho se ha cercenado desde hace tiempo; los españoles no somos iguales ante la ley, ya que prevalecen prerrogativas discriminatorias a favor de los políticos, financieros y clase mediática; la bandera de España no se utiliza en todos los edificios públicos y actos oficiales; los partidos políticos no tiene una estructura y funcionamiento democrático; los sindicatos están acomodados y sirven a una determinada tendencia política; no se está garantizando evitar la arbitrariedad de los poderes públicos; la libertad de enseñanza se incumple reiteradamente en algunas Comunidades; los poderes públicos no inspeccionan y homologan el sistema educativo para garantizar el cumplimiento de las leyes; no todos contribuyen al sostenimiento de los gastos públicos mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad; el derecho al trabajo se incumple acumulando casi seis millones de parados; no se garantiza el principio de solidaridad entre las diversas Comunidades autónomas, que se han convertido en reinos de Taifas; no se garantiza el interés general evitando la especulación del suelo, etc.
Y veremos cómo acaba nuestra patria común e indivisible con las reivindicaciones de secesión hechas por unas determinadas regiones tradicionalmente españolas.
Los girifaltes políticos (salvo una minoría de políticos honrados), gerentes financieros y demás poderes fácticos actúan, torpemente, y emulan a aquellos sofistas de antaño basados en la expresión del filósofo Protágoras, creador del relativismo ético, quien decía: “El hombre es la medida de todas las cosas”. Es decir, que las cosas son según el punto de vista desde el que las personas las miran; por ejemplo el de ellos. Y si además observamos a la mayoría de nuestros políticos cómo utilizan su verborrea demagógica reproduciendo lerdamente lo que fue la retórica creada por el sofista Gorgias, mediante la cual se utilizaba este arte de convencer con la palabra a los demás, manejando con habilidad y repetición que lo negro es blanco, que lo injusto es justo o que lo falso es verdadero, consiguiendo que una gran parte de la sociedad ignorante acabara por convencerse de sus argucias. Gorgias decía que esto era posible porque creía que la justicia y la verdad no eran cosas reales, que algo fuese justo o injusto, verdadero o falso, sólo dependía de las palabras según su punto de vista, porque las palabras no tenían ningún vínculo con la realidad. Desde este pensamiento se estableció el llamado escepticismo ético que se ha implantado generalmente en la casta política, siendo un argumento de veneración para justificar sus actitudes y responsabilidades.
Ante este desatino, apelamos aventar el pensamiento de Sócrates, con su famosa “mayéutica”, en la cual explicaba, sobre las cuestiones éticas y políticas, que rechazaba firmemente tanto el relativismo como el escepticismo estando convencido de la existencia de un concepto del bien y de la justicia, válido para todas las personas y sin distinciones. Decía que el hecho de haber distintas opiniones sobre lo bueno o lo justo, era debido a que los seres humanos no se dedicaban a preocuparse sobre estas cuestiones y se dejaban llevar por lo que escuchaban sin pararse a pensar. Y aconsejaba que, había que prestar más atención a la búsqueda de la verdad y menos a la obtención de privilegios, riquezas y beneficios, que bien poco contribuían a la dignidad del hombre y menos beneficiaban al pueblo.
Ante nuestro drama nacional, no podemos fingir ignorancia, porque no somos avestruces; no podemos creer que, si no mirásemos y denunciáramos lo que está pasando, no sucedería lo que realmente sucede. Más, imposible es aún no querer ver cómo afloran los casos de corrupción que salen por doquier.
En España, estamos viviendo una coyuntura de profundos y sustanciales deterioros que requieren urgentes transformaciones. Nuestro sistema democrático, tal como funciona, puede ser la última manifestación de una sociedad que él mismo contribuyó decisivamente a eliminar y hacer imposible su subsistencia. Por eso, precisamos una regeneración y un cambio hacia una estructura democrática real y no puramente formalista como la de ahora.
Una de las circunstancias inmediatas de este sistema, que estamos padeciendo, es que se pervierte el sentido moral y con él las nociones de lo justo y de lo injusto; no sabiendo nunca el que habla ni el que escribe a qué carta quedarse, por ignorar la interpretación que se dará a lo que diga. La palabra no malintencionada se considera un insulto; la frase más sincera una injuria; se penetra en las intenciones para buscar agravios que sólo se desprende de la propia conciencia, y con hipocresía, buscan los astutos el ajeno apoyo y la compasión extraña, haciendo creer que la sociedad se desquicia si a ellos se les desenmascara.
¿Cómo parar todo este desafuero? ¿Valen los paños calientes? ¡Sinceramente no! Al punto que hemos llegado, lo de menos sería la política si ésta no influyera en todos. La confianza en que la solución venga por iniciativa de los partidos que nos han y están gobernando durante muchos años, está agotada; la exigencia tiene que surgir de la ciudadanía para que se cambie el sistema político actual que ha permitido, desde hace décadas, hacer todo tipo de desmanes, por un verdadero Estado social y democrático de Derecho que garantice una justicia independiente no sometida al poder político, una igualdad de derechos y obligaciones para todos, que se refunde el sistema democrático y que se termine con la impunidad.
Lo importante es defender la Nación, o sea, la vida de los ciudadanos que sufren el paro; la penuria de los pensionistas y del ciudadano medio; la emigración de los jóvenes en busca de trabajo, la honra en peligro por el mal ejemplo; la falta de credibilidad de los políticos, combatida por la anemia producida por tantas podredumbres.
Cuando no defendemos nuestros derechos perdemos la dignidad y ésta no se negocia. Y además la dignidad de una persona reside en su capacidad para mantenerse firme, sin vacilar ante la adversidad.
Jose Carrasco y Ferrando, Abogado, Exprofesor y Dr. en Criminología.
Las normas morales han existido desde que existe la humanidad y las civilizaciones siempre han seguido algunas normas de carácter moral para ordenar sus vidas. Por eso los pueblos no pueden vivir sin que las normas se apliquen. Sin embargo, no siempre ha existido una reflexión racional sobre dichas pautas. Por tanto, las antiguas civilizaciones no se cuestionaban los motivos éticos por los que se debe actuar de una forma o de otra, sino se dejaban guiar por su carácter religioso encomendándose a los designios de sus dioses. Posteriormente los primeros pensadores encontraron argumentos y razones que sirvieran de fundamento a las normas morales que el hombre debía respetar, comenzando así la ética, la reflexión racional sobre la moral.
Metafóricamente si comparamos una torre monumental con nuestra sociedad actual, es como la construcción de una Nación, edificada con trabajo y sacrificio, a través de generaciones, que descansa sobre unos cimientos comunes, en la cual habita un pueblo con las mismas convicciones, fidelidades y solidaridades, reconociéndose mutuamente y firmemente ciertos deberes y derechos en virtud de su tradicional calidad de miembros.
En nuestro caso contemplo, con tristeza e impotencia, cómo nuestra torre se ha tornado como aquella legendaria torre de Babel que fue destruida, su gente dispersada y su lengua confundida. Aquí no podemos excusarnos con echarle la culpa a Dios, como en el caso del mito de la torre de Babel. Nuestro gran error es propio no ajeno, al establecer un sistema estatal que ha permitido a los dos grandes partidos políticos que han gobernado, a veces en coalición con otros partidos minoritarios, poner por encima de los intereses del Estado los intereses partidistas, el de los financieros y los de la clase mediática con sus múltiples sesgos: étnico (nacionalismo), empresarial (campañas políticas), social (clase poderosa) y político (a favor de un determinado partido político), creando un tremendo desconcierto e instaurándose una alarmante degradación moral y social que ha producido que la corrupción política y económica se enquistara en las instituciones y la tengamos prendida por los cuatro puntos cardinales de España en detrimento del pueblo español oprimido por los impuestos y la nefasta situación económica en que se encuentra. Con esta situación se ha logrado confundir la capacidad de entendernos con nuestros semejantes, produciendo división, desacuerdos y aprehensiones, y esto progresivamente ha desembocado en ver cómo nuestra torre está en ruinas.
Hemos incumplido demasiadas normas constitucionales predicadas en nuestra Carta Magna, como por ejemplo: el Estado social y democrático de Derecho se ha tornado en una Partidocracia monopolizando las parcelas políticas, sociales y económicas; la lengua oficial del Estado (conjuntamente con otras lenguas de las Comunidades) es el español y este derecho se ha cercenado desde hace tiempo; los españoles no somos iguales ante la ley, ya que prevalecen prerrogativas discriminatorias a favor de los políticos, financieros y clase mediática; la bandera de España no se utiliza en todos los edificios públicos y actos oficiales; los partidos políticos no tiene una estructura y funcionamiento democrático; los sindicatos están acomodados y sirven a una determinada tendencia política; no se está garantizando evitar la arbitrariedad de los poderes públicos; la libertad de enseñanza se incumple reiteradamente en algunas Comunidades; los poderes públicos no inspeccionan y homologan el sistema educativo para garantizar el cumplimiento de las leyes; no todos contribuyen al sostenimiento de los gastos públicos mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad; el derecho al trabajo se incumple acumulando casi seis millones de parados; no se garantiza el principio de solidaridad entre las diversas Comunidades autónomas, que se han convertido en reinos de Taifas; no se garantiza el interés general evitando la especulación del suelo, etc.
Y veremos cómo acaba nuestra patria común e indivisible con las reivindicaciones de secesión hechas por unas determinadas regiones tradicionalmente españolas.
Los girifaltes políticos (salvo una minoría de políticos honrados), gerentes financieros y demás poderes fácticos actúan, torpemente, y emulan a aquellos sofistas de antaño basados en la expresión del filósofo Protágoras, creador del relativismo ético, quien decía: “El hombre es la medida de todas las cosas”. Es decir, que las cosas son según el punto de vista desde el que las personas las miran; por ejemplo el de ellos. Y si además observamos a la mayoría de nuestros políticos cómo utilizan su verborrea demagógica reproduciendo lerdamente lo que fue la retórica creada por el sofista Gorgias, mediante la cual se utilizaba este arte de convencer con la palabra a los demás, manejando con habilidad y repetición que lo negro es blanco, que lo injusto es justo o que lo falso es verdadero, consiguiendo que una gran parte de la sociedad ignorante acabara por convencerse de sus argucias. Gorgias decía que esto era posible porque creía que la justicia y la verdad no eran cosas reales, que algo fuese justo o injusto, verdadero o falso, sólo dependía de las palabras según su punto de vista, porque las palabras no tenían ningún vínculo con la realidad. Desde este pensamiento se estableció el llamado escepticismo ético que se ha implantado generalmente en la casta política, siendo un argumento de veneración para justificar sus actitudes y responsabilidades.
Ante este desatino, apelamos aventar el pensamiento de Sócrates, con su famosa “mayéutica”, en la cual explicaba, sobre las cuestiones éticas y políticas, que rechazaba firmemente tanto el relativismo como el escepticismo estando convencido de la existencia de un concepto del bien y de la justicia, válido para todas las personas y sin distinciones. Decía que el hecho de haber distintas opiniones sobre lo bueno o lo justo, era debido a que los seres humanos no se dedicaban a preocuparse sobre estas cuestiones y se dejaban llevar por lo que escuchaban sin pararse a pensar. Y aconsejaba que, había que prestar más atención a la búsqueda de la verdad y menos a la obtención de privilegios, riquezas y beneficios, que bien poco contribuían a la dignidad del hombre y menos beneficiaban al pueblo.
Ante nuestro drama nacional, no podemos fingir ignorancia, porque no somos avestruces; no podemos creer que, si no mirásemos y denunciáramos lo que está pasando, no sucedería lo que realmente sucede. Más, imposible es aún no querer ver cómo afloran los casos de corrupción que salen por doquier.
En España, estamos viviendo una coyuntura de profundos y sustanciales deterioros que requieren urgentes transformaciones. Nuestro sistema democrático, tal como funciona, puede ser la última manifestación de una sociedad que él mismo contribuyó decisivamente a eliminar y hacer imposible su subsistencia. Por eso, precisamos una regeneración y un cambio hacia una estructura democrática real y no puramente formalista como la de ahora.
Una de las circunstancias inmediatas de este sistema, que estamos padeciendo, es que se pervierte el sentido moral y con él las nociones de lo justo y de lo injusto; no sabiendo nunca el que habla ni el que escribe a qué carta quedarse, por ignorar la interpretación que se dará a lo que diga. La palabra no malintencionada se considera un insulto; la frase más sincera una injuria; se penetra en las intenciones para buscar agravios que sólo se desprende de la propia conciencia, y con hipocresía, buscan los astutos el ajeno apoyo y la compasión extraña, haciendo creer que la sociedad se desquicia si a ellos se les desenmascara.
¿Cómo parar todo este desafuero? ¿Valen los paños calientes? ¡Sinceramente no! Al punto que hemos llegado, lo de menos sería la política si ésta no influyera en todos. La confianza en que la solución venga por iniciativa de los partidos que nos han y están gobernando durante muchos años, está agotada; la exigencia tiene que surgir de la ciudadanía para que se cambie el sistema político actual que ha permitido, desde hace décadas, hacer todo tipo de desmanes, por un verdadero Estado social y democrático de Derecho que garantice una justicia independiente no sometida al poder político, una igualdad de derechos y obligaciones para todos, que se refunde el sistema democrático y que se termine con la impunidad.
Lo importante es defender la Nación, o sea, la vida de los ciudadanos que sufren el paro; la penuria de los pensionistas y del ciudadano medio; la emigración de los jóvenes en busca de trabajo, la honra en peligro por el mal ejemplo; la falta de credibilidad de los políticos, combatida por la anemia producida por tantas podredumbres.
Cuando no defendemos nuestros derechos perdemos la dignidad y ésta no se negocia. Y además la dignidad de una persona reside en su capacidad para mantenerse firme, sin vacilar ante la adversidad.
Jose Carrasco y Ferrando, Abogado, Exprofesor y Dr. en Criminología.
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